Andanzas por el margen de un libro. Danubio de Claudio Magris.

Los fines de semana los numerosos y grandes parques de Bucarest se suelen llenar de ciudadanos, quizás el más urbano sea el más pequeño, Cismijiu, un rectángulo verde con un lago central con barcas, quioscos y restaurantes. Comemos a la orilla del lago en el restaurante Monte Carlo, aprovechando que es domingo y fin de semana.

Ahora el Casco Antiguo, Curtea Veche, está tomado por tiendas de recuerdos y restaurantes. Apenas un trozo mínimo de la vieja ciudad que está siendo restaurada y que queda encerrada por las grandilocuentes construcciones comunistas que como escenografía teatral configuran los bulevares construidos por Ceaucescu, como el L.C. Bratiame. La ciudad vieja es una zona llena de vida y juventud, por momentos bellísima y por momentos artificial y turística, de todas formas un lugar de referencia en la actual “Bucuresti”. Recorremos sus calles peatonales de Lipscari, Selari, Smârdom…, localizamos patios bellísimos con galerías de madera, y el pasaje semicircular de la galería cubierta “Vállacrosse-Macca”, cubierta de vidrios amarillos que dan la impresión de estar siempre iluminados por el sol. El pasaje esta “petado” de restaurantes, creo que se dice así, que con sus veladores apenas dejan hueco para transitar por él. Al principio de la noche, cuando se llena de visitantes, es agobiante estar allí.

Al otro lado del Bulevar L.C. Bratiame la situación es completamente diferente. La otra mitad preexistente del barrio viejo aún no ha captado la atención de los comercios ni de los turistas. Un montón de edificios de una sola planta, villas palacinas semiderruidas, y algunas casas con monumentales fachadas de palacios italianos en ruina, también muchos solares desocupados. Es la zona pobre del centro de la ciudad, está situada al lado izquierdo del Bulevar si nos dirigimos de la Plaza (Piata) Unirji a la Plaza Universitatis (nombre que parece extraído de las historias de Asterix y Obelix). A última hora de la tarde muchos vecinos sacan sillas a las puertas de sus casas y hablan de una acera a otra de la calle. No me atrevería a transitar por esta zona de noche.

Para terminar el día volvemos a Curtea Veche y cenamos en uno de los patios que ya habíamos visto: el “Hanul Hanue”, lleno de gente y de música.

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