Andanzas por el margen de un libro. Danubio de Claudio Magris.

La tarde fue para el reencuentro y el recuerdo, fotografías en blanco y negro que sirvieron años antes como regalos familiares. Comprobar que en cinco años todo y nada había cambiado, sólo mi imagen en el reflejo de los escaparates me parecía distinta. No así el Danubio, eterno en su lento discurrir, plata laminada cuando el sol se oculta tras el palacio y perfila la colina de apariencia noble, cuando la tarde aureola con tonos anaranjados las fotos de los turistas que sólo tienen tiempo para hacerlas, nunca para verlas. En el jardín de Roosvelt (tér) hay una nueva escultura, un gigante enterrado asoma su cabeza daleada sobre el césped mientras guiña un ojo para apuntar hacia la otra orilla, utilizando dos dedos, índice y pulgar de su mano izquierda, que surgen en medio del jardín a treinta metros de su cara; la derecha se mantiene junto a ella, tensando una cuerda y un arco invisibles. Estamos en Budapest, una Budapest real y aparente.

Miércoles 29 de julio

11:30 Comienza a chispear cuando entramos en los baños termales de Ruda.

Una bóveda turca del año 1550 agujereada por estrellas de luz descansa sobre un octógono formado por gruesos fustes de piedra roja que, a su vez circunscriben un gran baño central, donde brota continuamente la fuente térmica de aguas curativas, que alumbran allí su nacimiento. Aguas filtradas por el Danubio hasta estratos abismales que cierran aquí el círculo de su continuo fluir ¿también hasta el mar Negro? Aguas que rebotan en vertical con el calor del subsuelo abismal, contaminándose de materias positivas que retornan a la superficie en forma de manantial de salud. La superficie del agua apenas es alterada por el movimiento de los bañistas que descansan, como pequeños budas, sentados en las gradas sumergidas de este pequeño Ganges que refleja la bóveda y tensiona una extraña simetría, también vertical. Rodeando el patio inestable de luz y de agua (materias básicas del universo) hay un deambulatorio formado por un gran cuadrado ochavado en sus esquinas por cuatro baños menores de aguas a diferentes temperaturas. La luz es tenue y colabora a preservar la privacidad de cada bañista, aunque a veces, el sol en su eterno movimiento se entretiene, como los focos de los teatros de variedades, en mostrar e iluminar especialmente a algún bañista. Saunas secas y de vapor completan el equipamiento de esta bella y antigua casa de baños.

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