Andanzas por el margen de un libro. Danubio de Claudio Magris.

Extraña Belgrado, donde se superponen viejos, muy viejos, y nuevos, muy nuevos, edificios. Calles abandonadas y calles bulliciosas, mucho ruido y una multitud de jóvenes que llena las calles peatonales del “centar”, similar a la “madruga” de la Semana Santa de Sevilla. Hasta que no me hube duchado y tomado una cerveza local de barril en un bar de su calle peatonal no comencé a apreciar su magnitud y belleza.

Viernes 31 de julio, Belgrado

Claudio Magris en Danubio dedica un bellísimo capítulo a la ciudad de Belgrado (página 304):

…la fortaleza de Kalegmedan (…) en la orilla izquierda seguía sintiéndose en casa, en la otra parte del Danubio era la frontera entre el Imperio Austro-Húngaro y el reino de Servia (…) la historia y el pasado de Belgrado viven menos en los escasos monumentos supervivientes, que en su sustrato invisible, épocas y civilizaciones caídas, humus múltiple, estratificado y fecundo.

Momo Kapor narró en su novela Los Foliranti, en 1974, la saga de la calle Knezmihallova, la calle más hermosa y más épica de la capital (…) foliranti –simuladores- (…) en el teatro del mundo de la calle Knezmihallova, Belgrado es el escenario de las desilusiones.”

Reconozco que no estaba suficientemente preparado para conocer Belgrado y he sufrido la violencia de un encontronazo. Tanta historia maldita, tanta guerra, tantas desilusiones, tanta juventud sin futuro, no merecían tanta improvisación por mi parte. Ahora, hoy, trataré de acercarme lentamente, con el respeto debido, a pesar del poco tiempo que tengo para ello.

8:30 Parque Kalegmedan

Dada la distancia entre nuestro hotel y el parque tomamos un taxi que nos costó 500 dinar (5 €). Llegamos demasiado temprano para ejercer de turistas, los puestos de venta de baratijas aún se estaban montando.

Majestuoso el encuentro entre los ríos Sava y Danubio, con una gran isla más una islita de por medio. Se comprende que desde esta orilla derecha, que siempre fue el lado salvaje del Danubio, el otro lado (recordé “Walk on the Wild Side” de Lou Reed). Desde el promontorio defensivo del fuerte Kalegmedan se ven a la izquierda las aguas del Sava, a la derecha y en escorzo, el cansado Danubio teñido aún por la historia, aguas arriba, de las principales ciudades europeas. Asistiendo al equilibrio de este encuentro es verosímil la hipótesis sostenida por muchos serbios sobre quién es el afluente de quién, ellos aseguran que es el Danubio el afluente del Sava y no al revés, de esa forma sería el Sava el que daría su nombre al río que desemboca en el Mar Negro. Esta simple hipótesis chovinista, tan convencional como la aceptada por todos, destruiría el aura secular del Danubio e, incluso, de Europa.

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