Andanzas por el margen de un libro. Danubio de Claudio Magris.

Bajo la estatua de Pobednik los cuervos te acompañan con sus gritos y descarada proximidad, allí asumen el papel de las palomas de otras ciudades.

En el fuerte hay varias iglesias ortodoxas donde pudimos ver por primera vez las cámaras votivas para los vivos y los muertos, separadas de la basílica principal y llenas de ofrendas, fotografías y luminarias. Con respeto, pero sin contener mi curiosidad, me asomo a ambas estancias excavadas en la montaña, más singular es la dedicada a los muertos que mantiene una alta temperatura, debido a una estufa de madera que alimenta una anciana cuya mirada me hace desistir de fotografiarla. La temperatura es similar a la de una sauna. Las dos cuevas están cerradas por poderosas puertas de madera que ahora están entreabiertas, en la de los vivos rezan personas sentadas en un banco que forma el encuentro entre la pared y el suelo.

15:00 El mundo global

La peatonal calle Knez Mihajlova, a la que se refiere Magris como la más hermosa y más épica de Belgrado, está siempre llena de una multitud de desocupados, jóvenes bulliciosos que sorprenden por su altura y por el nivel de ruido que aportan a la calle. A mitad de camino de su recorrido una bandera española nos advierte de la presencia del Instituto Cervantes.

Antes de acceder a la calle observamos una magnífica exposición de fotografías de Belgrado y junto a ella, en medio de la calle, una exposición de “transformers” de tres y cuatro metros de altura, construidos con viejas piezas de coches.

19:30 La otra orilla del Sava.

Unas postales de Belgrado, que muestran el perfil de la colina donde se asienta el centro urbano, rematado por algunas torres de iglesia y reflejado sobre las aguas del río, nos obligan a alcanzar la orilla opuesta del Sava. En cuanto dejamos las calles centrales nos topamos con zonas de tierra, autoconstrucciones que me recuerdan la India, barrios sucios con tiendas y bares de clientela exclusiva. La pobreza compartida por personas que podrían sentirse agredidas por nuestra presencia, estaba anocheciendo cuando atravesamos una especie de campo de futbol donde acampaban varias familias de gitanos.

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

Login

Contraseña perdida?