Andanzas por el margen de un libro. Danubio de Claudio Magris.

Aquella reunión con campesinos serbios debió durar unos veinte minutos pero obtuve un itinerario preciso de nuestro camino hasta la frontera. Estábamos en una aldea llamada Pozarevac, debíamos seguir avanzando en la dirección que íbamos cuatro kilómetros hasta Salakovac, donde giraríamos a la izquierda y tras recorrer diez kilómetros nos encontraríamos con una carretera nacional que debíamos tomar en la dirección a Vel Gradiste, girando a la derecha.  En ese momento ya estábamos en la carretera que nos llevaría hasta Rumanía. Como confirmación de nuestra investigación, apunté algunas de las poblaciones que debíamos atravesar: Golobac, Donji Milanovac, Kladovoc…, hasta llegar a Severin, primer pueblo de Rumanía. Dado el interés que levantaba mi libreta, tras anotar las poblaciones hice un esquema de las carreteras y del curso del Danubio que consulté con todos ellos y aprobaron con alegría. Me dijeron que una vez que encontrara el curso del Danubio sólo tenía que dejarme llevar teniendo el río a mi izquierda, Danubio “leva”. Mi sorpresa fue cuando calculamos que estábamos a unos 160 o 170 km de la frontera. Me despedí de todos ellos dándoles la mano y agradeciéndoles con emoción su tiempo y sus vidas, en parte destinadas a acumular datos para ayudarnos hoy a nosotros, lo dije en español pero ellos entendieron su significado.

Una estrecha carretera de montaña y el Danubio ancho como un lago nos acompañaron hasta la inesperada llegada a la frontera, ciento ochenta kilómetros más tarde.

Ese día aún nos esperaban sorpresas mayores.

11:35 En el camino disfrutábamos del Danubio y de sus playas balnearios junto a escarpadas laderas de granito. Es muy bello el curso serbio del río. Sucedió a 15 km de Dobra (en algunos carteles Dobranska), tuvimos un accidente con el coche de alquiler. La rueda delantera derecha impactó violentamente con la esquina de hormigón del poyo, especie de acerado, de un estrecho puente en el que apenas podían cruzarse dos coches. Se deformó la llanta y el neumático se vació. Iba conduciendo y por momentos me sentí perdido. Seleccionamos una piedra y durante mucho tiempo tratamos a golpes de enderezar la llanta. El coche alquilado (Avis) no tenía rueda de repuesto y sólo contaba con un sofisticado sistema de recauchutado de neumático pinchado. Al duro trabajo de golpear la llanta de acero, con ampollas en las manos, se unía el peligro de los coches que pasaban a nuestro lado tras encontrarnos después de la curva, algunos pitaban pero ninguno se paraba. Optimistamente supusimos que habíamos enderezado la llanta lo suficiente para que el aire no saliera y que nos permitiera, al menos, llegar al próximo pueblo, éramos consciente de que era sábado. No fue así, gastamos la carga completa del recauchutado mientras el aire se escapaba por la fisura. Desalentado tomé la firme decisión de parar al primer conductor que pasara, hacía unos instantes había pasado un coche de policía en dirección contraria y ni siquiera se había parado. El primer coche no paró a pesar de mis indicaciones, pero el segundo atendió mis desesperados ruegos y tras algún titubeo se detuvo delante de nuestro coche. Resultó ser el arcángel “San Giorgio de los neumáticos”, como le dije cuando nos despedimos una hora más tarde, un verdadero milagro.

Pages: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15

Login

Contraseña perdida?