Antonio y Paquita

Lo mejor que podemos esperar de la última etapa de nuestras vidas es que sea breve y lo menos mala posible. Los últimos años Paquita y Antonio tuvieron que vivir separados aunque Antonio visitara todos los días, mañana y tarde, a Paquita en su residencia de Heliópolis. Estos últimos años me han permitido estar más próximo a ellos y comprobar, como me dijo Antonio en sus últimas horas, que contaba con los cuidados de su familia inmediata. A mí me reservó todos los sábados de su última etapa, ¡gracias machote!, sábados que disfrutamos los tres, Antonio Martínez, él y yo, comprando en el Mercadona, cocinando, comiendo (a veces saltándonos las indicaciones de su nieto Antonio) y viendo muchos partidos de futbol, alternando con la serie del inspector Montalbano, que le interesó a partir de nuestro viaje a Sicilia.

Como ya he contado otras veces, mi familia, mis padres y mis seis hermanos, nos agrupábamos en dos tandas: tres hermanos mayores: Encarna, Antonio y Mercedes, y tres menores: José María, Manolo y yo. La planificación familiar no fue buena y entre mis hermanos mayores y yo había muchos años de distancia, lo que hizo que a la hermandad biológica se uniera, en mi caso, una relación paterno filial. Durante los dos últimos años, 2017 y 2018, ha terminado de desaparecer el grupo de los mayores, Mercedes y Antonio (Encarna murió en el 2005), sin duda alguna la mejor parte de mi familia.

 

Pekín (China), sábado 19 de agosto de 2018

P.S.: Conscientemente he terminado este texto en China, durante unas breves vacaciones, con la intención de unirme a la magia y glamur que siempre existió en la vida conjunta de Paquita y Antonio.

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