Cartas desde Venecia 11

Venezia 21 de abril de 2016.

Queridos amigos,

¿pensabais que las “cartas desde Venecia” habían terminado?, yo, al menos, sí lo pensaba, habíamos llegado a un número tan redondo que para qué estropearlo con una más. Por otro lado, está la actividad de los últimos días, el final de las clases del curso de cuarto, la redacción de la “Introduzione” y las “schede” de la “guida”, saludar y despedirme de tantas personas de la IUAV que me han ayudado en esta etapa, profesores, “ricercatori”, asistentes, investigadores del “Archivio Progetti”, el seminario conclusivo del día veintiuno por la tarde, un lavado y secado general de ropa para no llevármela sucia (que estoy haciendo en estos momentos en la “lavatrice” 3 de la planta tercera), tirar papeles acumulados en mi escritorio del convento, devolver libros, hacer las maletas… Enviar una nueva carta no era lo más adecuado, pero he llegado al convencimiento de que debía escribir una más. Lo siento por vosotros, ya sabéis que no tenéis que leerlas, nunca os preguntaré por ellas, comprendo y excuso lo que significa tener un amigo como yo, yo no lo soportaría.

Ya que estoy en la potencialidad de un nuevo texto, aprovecharé el espacio conquistado para enmendar un olvido, enlazar con la carta anterior y contaros las excelencias de uno de mis restaurantes favoritos: el “Angolo cotura” del apartamento D142 del antiguo convento del Campo dei Gesuiti, también llamado Crociferi. El servicio no es muy bueno y se come en la misma mesa en la que se preparan los platos, por lo que aunque se eleve al máximo el asiento de la silla de ruedas de IKEA siempre estás sentado muy bajo, razón por la que la mayoría de las veces “mangio” de pie. También el menú resulta algo corto y repetitivo, pero tiene la ventaja de combinar las cocinas veneciana y andaluza. La carta del “Angolo cotura” la forman: papas aliñás con mucho aceite (secreto de Marichari); espaguetis con tomate; carnes de toda clase a la plancha, previamente sazonadas con sal, “aglio”, “prezzemolo” y kétchup a gusto del cliente; arroz con tomate en dos variedades, con bonito o con almejas de lata; ensalada con queso y “aceto” balsámico de Módena, en el Angolo se utiliza mucho la rúcola; ensaladilla; huevos casi fritos con tomate “sugo”. Una de las características de esta trattoria es que no se tarda más de quince/veinte minutos en la preparación y que casi todo se hace en una única sartén gigantesca. Mención aparte merece la tabla de quesos y la fruta, en cuanto a los quesos siempre hay grandes cantidades de gorgonzola y parmesano, y de fruta tenemos “arance”, “banane” y “fragole” de Huelva. No hay servilletas y cada comensal, habitualmente uno, utiliza un trozo de papel de cocina con adornos verdes. Todo ello acompañado por vinos frizzantes, biancho e rosso, cerveza italiana, prosecco y spritz. Hay que añadir que es el restaurante más barato de Venecia.

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