Cartas desde Venecia 11

(He ido a retirar el segundo lavado de la secadora pero estaba en “errore” del termostato y aunque la ropa está seca no está calentita como de costumbre, por lo que he abierto la secadora he pulsado de nuevo el mando y ha salido funcionando. Tendré que esperar otros treinta minutos).

Cuando la figura de la joven casi no se veía, apareció en el fondo una especie de muralla y sobre ella un camino elevado formado por las piedras de la obra. Su altura era de unos seis o siete metros con paredes inclinadas en forma de mastaba, pensé que habría alguna escalera que me permitiera subir allí. El camino se perdía en el mar en busca de otra isla. Miré mi plano pero allí no había nada que se le pareciera a aquello, estuve a punto de tirarlo allí mismo. Empecé a inquietarme seriamente, incluso pensé que qué hacía yo allí con lo bien que estaba en el convento. Cuando llegué al camino la chica de negro había desaparecido ¿Por dónde habrá subido?, claro con esas piernas cualquiera. Allí abajo el muro de piedra era mayor de lo que pensaba, imposible escalarlo, tampoco podía pensar en volver por el mismo camino, no quería pasar otra vez por las zonas militares prohibidas. ¿Y si me había equivocado de isla? Aquello no podía ser el Lido.

Mis recuerdos del Lido están nublados por el tiempo. Eran de una tarde en la que estaba invitado en la casa de Marina y Giancarlo, hace muchos, muchos años. Recuerdo una cena adorable con gatos que paseaban por una cornisa del comedor a la altura de la cabeza de los comensales, de vez en cuando sentía en mi hombro la pata almohadillada de uno de ellos. -No te preocupes te están pidiendo comida-, me dijo Marina, que luego me contó muchas cosas que ella sabía de los gatos, también yo añadí otras que sabía yo. Antes de la cena habíamos estado paseando por la playa, recuerdo la playa y una zona urbana muy consolidada, el sitio donde ahora estaba nada tenía que ver con esto, ¿otra isla?, no, eso no era posible, encendí la tablet y comprobé que en una de las fotos que había hecho al principio de la fermata del vaporetto ponía “Lido”. Entonces, ¿qué estaba pasando?

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