Cartas desde Venecia 5

Además de este reflejo horizontal existe en aizeneV un reflejo vertical que no encontramos en ninguna otra ciudad, un nuevo hechizo atávico. Cuando el sol convierte en espejo negro los canales, no sólo reflejan las nubes y el cielo, también duplican la ciudad y sus habitantes. Como las manchas de tinta que se reiteran y completan al doblar la hoja, los puentes se empeñan en cerrar el círculo de las antípodas. Las gaviotas graznan rompiendo el silencio mientras ven su copia en el fondo de los canales. Los perros también se asoman en el borde de las fondamentas, incluso los maravillosos mármoles de Santa María dei Mirácoli de simetría biaxial se reflejan en las aguas del canal produciendo una especie de retórica de la reproducción axial. La ciudad extiende a la totalidad la magia breve de los pozos de mi infancia, su silencio y su humedad.

Esta mañana, sin apenas desearlo y al pasar por un puente, vi mi imagen en el fondo del canal, me pareció que la figura duplicada no me pertenecía. Al subir el puente siguiente me detuve y me asomé, como hacía de niño sobre los brocales de los pozos, mi sensación no cambió, me pareció estar contemplando una ciudad diferente que vivía de nuestras imágenes. Decidí no volver a asomarme hasta llegar al puente de la Academia, uno de los tres puentes montaña existentes, junto a Ferrovía y Rialto, cuando me hice un hueco entre los turistas que se fotografiaban selfisheándose con el fondo de la Salute, confirme mis sospechas. Del centro del puente colgaba uno de esos anuncios de exposiciones y eventos que suelen situarse en estos puntos, casi rozando el nivel del agua la colgadura terminaba con el nombre de la ciudad que se duplicaba sobre las aguas del canal “aizeneV – Venezia”, fue en ese momento cuando me di cuenta que era solo un reflejo. Comprendí la razón de mi cansancio cuando bajaba los puentes mientras parecía flotar cuando los subía, en mi mundo los puentes estaban al revés. Sentí cómo la brisa deformaba mi cuerpo superficial, también la oscuridad húmeda que presiento a mis espaldas encontraba justificación. Noto tras de mí el mundo subterráneo que buscaba de pequeño bajo las piedras, aquellos animales ciegos, también, como diría Oteiza, el vacío húmedo que las piedras dejan sobre la tierra cuando se levantan. Siento decíroslos pero cada mundo se diferencia por ser completo y contiguo, la superficie del agua define la frontera entre mundos diferentes y excluyentes. Si ustedes pueden conectarse conmigo eso quiere decir que también ustedes son reflejos y se encuentran en este lado, aunque no lo sepan aún. Esa es nuestra esencia, la ciudad real se llama Venezia, aizeneV es sólo su reflejo en la laguna.

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