Cartas desde Venecia 6

Soledad nos invitó, a Alberto y a mí, a visitar la Scuola Grande di San Rocco. Yo recordaba que hace muchos años estuve dentro en verano en un concierto de cámara y este espacio urbano, mitad campo, mitad strada, me pareció uno de los más bellos y ricos de Venecia, dejando la fachada de la escuela a la derecha y girando noventa grados se llega a la Chiesa dei Frari, campo dibujado por Le Corbusier. Entramos por un vestíbulo dividido por una fila de columnas de madera que accede a unas escaleras cuyas paredes estaban colmadas de pinturas de gran belleza. Pero el punto central de la visita es la entrada a la sala superior, tan grande y alta que me recuerda el interior de la habitación que propuso construir (excavar) Eduardo Chillida  en la montaña de Tindaya en Fuerteventura (Islas Canarias). En este caso el acabado de roca tallada y pulida de Tindaya es sustituido por una obra pictórica que llevó al Tintoretto veinticuatro años pintarla. En un extremo de la sala hay una especie de altar o estrado, en el otro se agolpan sobre una mesa más de cien espejos grandes con marcos de nogal y de mucho peso. Observé que los visitantes miraban los espejos detenidamente, ¿pensarían que era una instalación artística?, y pasaban de largo. Tras algunas dudas iniciales descubrí que la única misión de aquellos antiguos espejos era poder ver con detenimiento y comodidad las pinturas del techo, perspectivas muy en escorzo que trataban de alargar hacia arriba el espacio del salón, transformarlo en el cubo de Tindaya. Tomé uno de ellos y me senté en uno de los bancos que lateralmente circundan el salón. Tras unos instantes pasó Soledad con uno de esos pesados espejos en los brazos, moviéndose lentamente de un lado a otro de la sala, no se lo dije pero me pareció que bailaba sin pareja un vals en la mejor sala de baile del mundo. Lo más extraordinario de esos espejos es que mientras las pinturas son oscuras y difíciles de apreciar directamente, cuando se reflejan en el espejo son más luminosas, como si el espejo les aportara una luz extra, sé qué pensarán que esto forma parte de mi imaginación pero no es así, pueden preguntárselo a Soledad.

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