Cartas desde Venecia 6

En las calles próximas al mercado y al puente Rialto, existen sobre las plantas bajas unos cuerpos volados sobre canes de madera que en las calles estrechas configuran una sección peculiar de fachadas muy altas enfrentadas a muy poca distancia, se pueden tocar las manos los vecinos, y que en planta baja se dilatan. Una peculiar forma popular de interpretar la desmesura de la ciudad, en este caso el tamaño excesivo de los canes en relación con el ancho de las calles.

La ciudad sin fin como concepto que explica la continuidad de los espacios arquitectónicos más allá de las divisiones entre espacios llenos y vacíos, públicos y privados, calles y casas, es más evidente en unas ciudades que en otras. Venecia es una ciudad sin fin, Venecia se extiende en sus espacios interiores, en sus jardines privados, en sus claustros y en sus salas. La diferencia está en que los recorridos más comunes, en las ciudades comunes, pasan de los espacios mayores a los menores, de la plaza a la calle, de la calle a la casa, al vestíbulo, a la escalera, a la galería, al salón, a la alcoba; mientras en Venecia es habitual encontrarse con espacios “in crescendo” que pueden concluir con la Sala del “Maggior Consiglio” del palacio Ducale o la Sala del Consejo de la Scuola di San Rocco. Dado que la ciudad contiene a la casa y no al contrario, este “in crescendo” es tan inusual como el barco que navega en el interior de una botella.

Saludos desde el Convento dei Gesuiti.

Juan Luis

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