Cartas desde Venecia 8

Como se explica en el libro Venezia si difende 1915-1918, el patrimonio monumental de Venecia fue protegido para evitar los daños que pudieran causar en el las bombas de la primera Guerra Mundial, evento que nos ha dejado una arquitectura complementaria de madera, sacos de tierra y cuerdas de esparto sobrepuesta a los grandes monumentos, una reinterpretación global de su arquitectura que podemos admirar hoy en el Archivo Histórico Fotográfico de Venecia.

A través de un mensaje de Tomás García Piriz, profesor de Granada, he tenido conocimiento de una instalación de Souto de Moura del año 2008 en el Canal Grande con motivo de la Biennale de ese año. Consistía en la construcción de un enorme espejo en el borde de la ribera, un espejo del tamaño de los palacios adyacentes que reflejaba las fachadas de los otros palacios. La instalación aprovechaba un almacén de una planta, el único vacío que permanece en esa “calle mayor” de Venecia que es el Canal Grande. Estas son las razones que me tienen y mantienen aquí desde hace dos meses, algunas de las razones que formarán parte de mi investigación de “Venezia di carta”.

Antes de la Semana Santa me hizo una visita rápida Raimund que está construyendo una casa para él en Udine. Comimos juntos en “Pane Vino e San Daniele” y paseamos por la ciudad, él recordando sus años escolares en la IUAV y yo disfrutando de sus explicaciones y conocimientos. Tras mostrarme una calle larguísima, “Lunga de S. Barnaba”, que conecta directamente la iglesia de San Sebastiano con el Campo de Barnaba, calle que él llamaba autopista “free-way” y que en pocos minutos te sitúa desde la IUAV en la zona central del Canal Grande. Una vez allí me mostró el “traghetto” entre San Tomà y Sant’ Angelo, uno de los siete que por dos euros te atraviesan hasta la otra orilla en una especie de góndola bastante inestable. Esto me permitió días después sorprender a mis nuevos visitantes. Con Marichari, Sandra y Sergio, el trayecto fue espectacular ya que había con nosotros otros turistas de gran peso y volumen que nos hicieron dudar de nuestra seguridad, cuando estábamos hundidos en el centro del Canal nuestros pies estaban a un nivel más bajo que el del agua, por lo que pudimos disimuladamente limpiarnos las manos de los restos de helados del cono de Bacio que acabábamos de comprar en una heladería Grom, las mejores de Venecia. Si os cuento ahora esto es porque vadeamos el antiguo río y alcanzamos la orilla opuesta sin más problemas.

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