Cartas desde Venecia 9

Mientras camino, a mi derecha se suceden las trattorias y los restaurantes que comienzan a llenarse de clientes, aquí no hay turistas. De algunos de los establecimientos sale una música suave, como de hilo musical. A mi izquierda el Rio della Misericordia se abre a las aguas de un afluente, Río dei Servi. En la esquina de la derecha del canal Servi, en su confluencia con el de la Misericordia, una alta tapia de ladrillo que cierra un jardín que imagino hermoso y húmedo, en lo alto hay una Madona con un niño en los brazos y cubierta con un pequeño palio de bronce. La he reconocido y me emociono, aunque no recordaba la posición exacta del Paradiso Perduto, sí que recordaba aquella escultura de piedra, había sido siempre mi guía cuando en los ochenta trataba de encontrar el Paraíso, extraña y juvenil pretensión la mía que ya he abandonado. Hay en Venecia esta costumbre  de poner imágenes religiosas por la calle, vírgenes, cruces, mosáicos, pequeños altares…, de todas ellas las que más me gustan son las vírgenes que protegen desde las alturas los canales.  La “pasaggiata” estaba resultando magnífica, efectivamente, cuarenta metros más adelante estaba el Paraíso del que nunca fui expulsado, con su alta y profunda nave de techo de madera pintado de blanco. Estaba lleno, más de como yo lo recordaba, no me atreví a entrar, era demasiado temprano y me aguardaban nuevas sorpresas –hemos llegado a Verona, espero que Claudia suba aquí al tren, como habíamos quedado.

Claudia estaba en Verona aguardando el tren y subió a él, al poco tiempo estábamos en Milán, donde hicimos un rápido recorrido de recuerdos: Duomo, Galería Vittorio Emanuelle, Teatro de la Scala, Parque Sempione, Pabellón de la Triennale, exposición, Castello Sforzesco… Luego nuestro encuentro con Giusa…

Más adelante había otros bares de estudiantes, de aquella época sólo recuerdo allí el Paradíso Perduto. En uno de ellos se utilizaban las barcazas atracadas en el canal como terraza, los jóvenes se acostaban en ellas mientras bebían cervezas, esta no es zona de spritz. Los bares y las tascas fueron espaciándose. Una calle interminable en el interior de una ciudad laberíntica, prácticamente paralela a la Strada Nuova que fue construida con aterramientos y demoliciones, las dos vías conservan la forma cóncava del Canal Grande. Junto a la Fondamenta Zattere, en el sur, estas son las vías más largas de Venecia, también existen algunas calles transversales largas como la “lunga de Barnaba” de la que ya os he hablado.

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