Comunicar y revocar

Comunicar

Tr. Hacer a otro partícipe de lo que uno tiene. || Descubrir, manifestar o hacer saber a uno alguna cosa. || Conversar, tratar con alguno de palabra o por escrito. Diccionario Manual e Ilustrado de la Lengua Española. Espasa-Calpe. Madrid 1989.

Revocar

Orden del programa informático de dibujo arquitectónico AUTOCAD que permite anular las acciones ya realizadas y volver a una situación anterior. Con esta orden podríamos situarnos en cualquier punto de nuestra sesión de trabajo, incluso en el origen.

(Del latín revocäre). Tr. 3. Hacer retroceder ciertas cosas. El viento revoca el humo. U.t.c. intr. Diccionario de la Lengua Española. Real Academia Española, vigésima segunda edición, 2001.

*** A pesar de mi juventud e inexperiencia me siento dichoso de haber nacido en esta pequeña isla en la que en los últimos días de julio no hay noche. El lugar donde el mar Atlántico cambia su nombre por el más inquietante de Ártico sin que ningún accidente geográfico lo justifique. Todas las mañanas de verano subo al montículo desde el que se divisa el mar y puedo observar y oír a las aves marinas. No me atrevo a asomarme al acantilado, a sus paredes verticales donde viven las gaviotas que ahora se agrupan sobre la superficie del agua dejándose balancear por el movimiento de las olas. Cerca de mí discurre un pequeño arroyo de agua helada procedente del deshielo del glaciar, a pocos metros de distancia el arroyo se despeña en el vacío convirtiéndose en catarata. Me gustan los ríos por ser una unidad en la que está presente el pasado y el futuro, en este arroyo existe una fuente que brota rompiendo el musgo de la montaña para (luego) convertirse en riachuelo y encontrarse (al final) con el vacío en forma de catarata. Lo miro y todo es presente, todo está allí en una sola imagen. Tengo que levantarme, mi madre me ha encargado sustituir las flores de la tumba de mi tío en el pequeño cementerio que permanece nueve meses del año enterrado bajo el hielo. Mi tío murió al comienzo de la primavera y tuvimos que abrir dos fosas superpuestas, la primera sobre el endurecido hielo y la segunda escarbada sobre la gravilla que la erosión y el viento han depositado sobre la roca. Con displicencia me levanto y dando la espalda al abismo me dirijo al pequeño cementerio que, como estrato arqueológico, hace pocos días que ya muestra sus lápidas al gélido sol del verano. Mi tío era escritor, un continuador de los autores de Sagas a los que con tanto orgullo se refiere mi padre durante el invierno, cuando apenas tenemos referencia del día y la noche. Pienso esto cuando ya me han abandonado los sonidos de las aves y me he alejado del riachuelo, ahora sólo escucho mis pisadas inseguras sobre la grava. Sobre la superficie de la colina aparecen, como monumentos megalíticos, atávicos grupos de piedras de forma piramidal, creo que lo hacen los turistas para volver a este lugar, ellos no saben que son plegarias bipolares dirigidas a los dioses más antiguos y que tanto pueden conceder deseos positivos como negativos, en mi aldea se dice que sólo los desesperados se atreven a realizar estos ritos ancestrales además de los ingenuos turistas, ávidos por descubrir y probar nuestras tradiciones.

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