Conexiones

Siento que escribir es transcribirse, lo contrario de cubrir, de ocultar, de guardar, es decir, descubrir, mostrar o dar. Y digo todo esto porque me preocupa contar, hacer público, una de mis manías más antiguas, que creo compartir con muchas más personas que callan como yo su existencia. De no ser así, sí esta manía fuera sólo mía, sí que tendría motivos suficientes para preocuparme.

Desde muy niño trato de establecer conexiones, conexiones que trazan trayectorias inverosímiles en el espacio y en el tiempo, cuanto más inesperadas y anómalas sean estas trayectorias más me atraen. A riesgo de pasar por “friqui” puedo contar algunos de los sistemas que uso para establecer estas conexiones:

–          A finales de los años cincuenta solía sentarme en la ventanilla de los tranvías y dejarme acompañar por la luna, ella atravesaba tras los árboles y las farolas con la condición de que no dejara de mirarla, de forma que cuando llegábamos a nuestra parada de destino seguía en la misma posición a pesar de que el paisaje era completamente distinto. Nunca lo comprendí totalmente.

–          Tras mi primera comunión, en plena, primera y única efervescencia religiosa, mojé un pico de mi pañuelo en la pila de agua bendita de la iglesia de San Bartolomé y al llegar a casa lo exprimí sobre la cabeza del Sputnik, con aquellas dos gotas de agua, sucia y bendita al mismo tiempo, intente incorporar al gato a la gran familia cristiana.

Las conexiones siempre tuvieron algo de secreto, pero también algo de espiritual, de magia, de pertenencia a un mundo contiguo pero no visible.

–          Desde la azotea de mi casa se veía un triste, húmedo y ensombrecido corral de vecinos, un día lo declararon en ruina y desaparecieron los vecinos, desde entonces su visión era aún más lúgubre. No podía resistir las sillas abandonadas o los cordeles de los que aún colgaban alguna ropa desgarrada. Aún hoy no comprendo la razón que me impulsó una mañana de domingo a tirar allí la peseta que me acababan de dar para gastar en chucherías con mis amigos, fue una de las donaciones más generosas e inexplicables que nunca he hecho.

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