Cuento de fantasmas (C.N. 01bis)

No me encuentro bien, ni siquiera puedo decir que me encuentro mal. En las vísperas de la Navidad me encuentro suspendido del tiempo, en una especie de “pausa” que me lleva a una actividad rutinaria pero excesiva. Sumergido en la actividad del funcionario que nunca he sido. Cuando me miro las manos las veo vacías. No alcanzo a recordar una época similar, de tanto trabajo y tan poco resultado, quizás cuando era un adolescente. Es como si me hubiera unido al amplio grupo de personas que se limitan a ver pasar el tiempo, la diferencia es que ellos lo hacen desde las barras de los bares. Estoy atascado como el tráfico, mi conciencia me grita que haga algo, que me vaya y deje el coche solo en medio de la nada. Sin pararme a pensarlo (me gusta esta expresión) he aceptado ir el mismo fin de semana a Madrid (entrega de premios de la cátedra Hispalyt) y a Tenerife (Jurado de la Bienal de Canarias). Pienso que con estas actividades saldré de la rutina, huiré del fin de semana y cuando vuelva ya será lunes y tendré que soportar la tristeza sin argumento de todos los lunes. Olvidaba que cuando cambio de cama vuelve el insomnio y me paso toda la noche apagando y encendiendo la lámpara de la mesilla, entrando y saliendo del cuarto de baño, abriendo y cerrando el mueble bar para no tomar nada después de haber estado un rato observando su interior, tampoco me acordaba de las desesperantes esperas de los aeropuertos. Me despedí de la “cena de gala” después de la entrega de premios y antes de que la fiesta terminara, allá por las cinco de la mañana (los miembros de Hispalyt han decidido celebrar por todo lo alto el mal año del ladrillo).

La cena se celebra en uno de los salones del Hotel Palace de Madrid (Neptuno III). Es la una y media de la madrugada. El hotel y la habitación son anacrónicos, tan alfombrados y con tantos dorados y cojines sobre la cama. Me asomo a la ventana y veo los leones del Palacio de Congresos. Me canso de retirar cojines, lleno dos butacas con ellos. Si quiero dormir tengo que leer algo, cojo de la mesilla de noche el libro que dejé al llegar de la estación. No sé de qué trata, lo cogí por su escaso tamaño y poco peso, su título: Cuentos de Fantasmas. Tiene una dedicatoria de mi amiga Mercedes en la que tras decirme que me quiere repite uno de los subtítulos del libro: …cuentos de poco susto, me gusta que la gente sea ingenua. Esto me anima, sólo me faltaba tener pesadillas en las cuatro horas de sueño que me quedan para ir al aeropuerto. El libro tiene cuentos de Baroja, de Cortázar y de otros que me suenan menos. Creo que como terapia me he forzado a venir, a tener que hablar con gente nueva, también con gente que no me importa, en la confianza de producir una inflexión, algo que por ahora no ha sucedido.

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