Cuento de Navidad 02

Los espejos son aduanas, puertas de conexión que permiten las contigüidades entre mundos superpuestos, agujeros en los sistemas de defensa de cada sociedad, en los sistemas defensivos que impiden que ángeles, hadas, gnomos, demonios, duendes y personas, anden revueltos, que impiden que la locura y el terror se impongan. Los que somos conscientes de todo esto tenemos que estar callados y vigilantes, a veces ocurren cosas que sólo nosotros comprendemos. De todos los objetos y muebles de mi casa que el amanecer desvelaba era el armario con puertas de espejos el más peligroso, un intercambiador de entes que habitan en capas diferentes, de su interior surgían voces y ruidos inidentificables que contribuían a mi desasosiego. A veces, y con el objeto de mantener mi vigilia atenta en defensa de mi familia, me arriesgaba a pegar el oído a su lateral de madera, la experiencia era siempre tan horripilante como atractiva, se oían sonidos lejanos, rumores alimentados por millas de distancia y siglos de recorrido, sonidos que provenían del fondo de la tierra, de cavernas desconocidas hasta entonces por el hombre y que imaginaba plena de seres mutantes, ruidos acuosos del interior de las frías profundidades oceánicas donde superviven enormes criaturas ciegas de blanca piel, incluso del espacio interestelar que rusos y americanos comenzaban a explorar. Nunca me asomé a sus grandes espejos, me dolía que mi imagen fuera reflejada por sus lunas, sentía que me observaban miles de ojos desde lugares inciertos, en aquel tiempo yo ya sabía que la mirada desgasta, por eso nunca nadie comprendió por qué corría al pasar delante del armario.

Mi familia estaba formada por personas inocentes, inteligentes pero confiadas, personas que nunca entendieron la dificultad de mi misión como guardián de las fronteras, como defensor de un mundo visible que se comportaba con la simpleza de unos cuantos teoremas que estudiaba en la escuela, reglas físicas que al fallar reclamaban la colaboración de la excepcionalidad, sin apreciar que era allí, en la excepción, donde se mostraban las fronteras con otros innumerables mundos. También estaban los espíritus de las personas muertas, los ángeles de la guarda, los alephs… Y Sputnik, mi gato, que acaba de meterse en mi cama, ¿tendrán también los animales mundos  paralelos? , seguro que sí, lo que hace la realidad mucho más compleja de lo que jamás hayamos imaginado.

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