Cuento de Navidad 02

El arcón de madera pintado de gris permanecía en su rincón, apenas visible. Lo recordaba pintado de azul, igual que la tinaja del agua potable, la última vez que se pintó la casa en abril cambió de color, también la tinaja del agua potable. Todos fuimos consultados y con apenas tres votos venció la consulta el anodino color gris que tiene ahora, nadie compartió conmigo el pintarlo de rojo, color que me hubiera ayudado en mis pesquisas nocturnas. El arcón de madera pintado de gris era un enorme paralelepípedo que a veces me servía de cama, de mesa y de asiento, aunque me costaba subirme a él. Era un sitio magnífico para esconderse antes de que se decidiera especializarlo como almacén del ajuar de mi hermana, a través de sus fisuras podías escudriñar cuanto pasaba en la habitación sin ser visto, pero antes tenías que levantar su pesada tapa y forzar el óxido de sus goznes. En la oscuridad de su interior tenías que poner cuidado en no arañarte con la voluminosa caja metálica que contenía los mecanismos de la cerradura. El arcón tenía dos historiados soportes que lo suspendían sobre el suelo y que lo aislaban de la humedad, mi padre los llamaba con exactitud técnica durmientes. Llegué a pensar que si me escondía en el arcón era posible que los seres de otros mundos se descuidaran y me permitieran observarlos, pero eso nunca sucedió a pesar de mis largas estancias en su interior, ellos eran muy listos y conocían todas las técnicas de la investigación detectivesca. Sí que me enteré de muchas cosas de mi familia, de tantas que empecé a recelar de este tipo de vigilancia tan imprudente. Espero que ninguno de ellos llegue a leer estas líneas ya que se avergonzarían inútilmente al pensar en sus actividades juveniles delante o encima del habitado arcón de madera pintado de gris. Durante mi guardia llegué a dormirme muchas veces sobre los durmientes, la mayoría de las horas me entretenía pensando en cómo llevar acabo de la mejor forma mi misión de guardián de las fronteras. Pensaba que en la ciudad había una calle y en la calle una casa y en el interior de la casa una habitación y en el interior de la habitación un arcón y dentro del arcón había un niño, yo, sobre escondido. ¿Sería igual la forma en la que convivían las diversas sociedades que constituían el mundo real?, quiero decir, insertas unas dentro de otras, como estaba yo escondido en la serie: niño, arcón, habitación, calle, ciudad, ¿sería el mundo una interminable serie de capas concéntricas?, y cuando nos movemos ¿trasladamos con nosotros el centro de ese mundo concéntrico? Nunca me había parado a pensar en esta dimensión de la convivencia entre los mundos, antes creía que de alguna manera estaban yuxtapuestos, mezclados, revueltos, ensartados, disueltos, combinados… La nueva hipótesis de la existencia de una serie casi infinita de mundos inscritos unos en otros tenía bastantes posibilidades de ser la real, al final todo sería un problema de escalas. Vivimos en un ámbito circular y concéntrico, todo está ordenado de dentro hacia fuera o de fuera hacia dentro. En el colegio estudiamos la Tierra dividida en capas: núcleo, manto y corteza; y luego están las capas de la atmósfera: troposfera, estratosfera, mesosfera, termosfera y exosfera, nuestra vida humana parece desarrollarse en la estabilidad de una única capa, sobre la corteza terrestre y en el nivel inferior de la troposfera, pero tenemos conocimientos de las otras capas, de otros espacios, de otros lugares en los que vivir. Lo mismo puede ocurrir con los distintos mundos superpuestos, aunque no alcanzo a vislumbrar su forma geométrica. Me gustaría atravesar fronteras, adquirir una existencia transversal que me garantice el conocimiento de distintas realidades, saber del espesor de las capas y adquirir movimientos radiales. Si todo fuera concéntrico podríamos encontrar explicación a muchas cosas, la dimensión, el tamaño, la escala, sería una respuesta, al igual que la exosfera es mayor que la termosfera y la contiene, mi duda es si la exosfera es también termosfera o se limita a rodearla como una corona esférica envolvente y autónoma. Igual que los animales parásitos viven en el interior de otros cuerpos, o que las hormigas utilizan nuestras paredes como refugio, los mundos se definirían por su tamaño global y por el número y tamaño de sus habitantes. Dentro de esa realidad tan compleja me gustaría saber en qué capa nos encontramos nosotros, quizás seamos en total un grano de algún mundo, una mota de polvo en el ojo de un ser ignorado entre millones de los de su especie y al mismo tiempo, podríamos ser la exosfera de otro mundo. ¿Son conscientes los piojos del lugar tan incómodo que ocupan en nuestro cabello o se saben habitantes de una selva intrincada?, ¿tienen conocimiento real de nuestra existencia?

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