Cuento de Navidad 10

El Desfase

 

Datos:

E = m c²

El cielo que vemos en una noche estrellada es una imagen del pasado, única e irrepetible pero antigua. Vemos la Luna como era hace poco más de un segundo y la Galaxia de Andrómeda como era hace dos millones y medio de años. De día el Sol que nos deslumbra es el que era hace ocho minutos. Nada de lo que percibimos es presente, el cielo es en realidad una ventana al pasado, incluso a un pasado remoto, anterior a la formación de nuestro planeta. La luz que nos muestra los objetos nunca nos llega a tiempo, cuando la percibimos ya estamos en el futuro y ella, a pesar de su apresuramiento, viene siempre del pasado.

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Sé de antemano que nadie me va a creer pero juro por los tres Reyes Magos y por las tres jorobas de sus tres camellos que la historia que os voy a contar este año es cierta, aunque mejor sería decir que será cierta en un futuro no muy lejano. A partir de ahora es posible que tengamos que cambiar la vieja fórmula del “erase una vez” por la de “será una vez” y que tengamos que alterar en nuestras narraciones el tiempo verbal, pasar del pasado al futuro; sustituir los “era” por los “serán” ¿Qué por qué lo sé, si aún no ha ocurrido? Porque como dijo Unamuno el tiempo es como un río cuyas aguas fluyen en los dos sentidos transportando residuos del acontecer, sucesos e historias del pasado y del futuro que se mezclan y encuentran en el presente, en nuestro inestable presente, acontecimientos dispuestos a ser desvelados por un observador atento e ilusionado. También es posible que la atmósfera mágica de la Navidad haya servido como sustancia de contraste y que de sólito, como ocurre en las radiografías clínicas, sea ella la que nos permita diferenciar e interpretar la entidad de estos aconteceres residuales, marcar itinerarios o destacar flujos narrativos. Pero, comencemos la historia sin más dilación.

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Será una vez una habitación en penumbra donde despertaré sobresaltado, apenas podré vislumbrar las delgadas y sutiles líneas de luz que al intentar acceder al interior son cribadas por la vieja persiana de madera de mi dormitorio, a pesar de la escasez luminosa percibiré que se trata del cuarto donde duermo desde hace años. El claror será tan leve que las líneas luminosas apenas tendrán entidad por sí mismas, sólo su alternancia y contraste con la oscuridad les permitirá alguna visibilidad. Hará frío, levantaré el edredón hasta casi cubrirme la cabeza al mismo tiempo que doblaré las rodillas para ovillarme. Me enoja despertarme tan pronto y saber que ya no me volveré a dormir, pero también disfruto del regalo de algunos minutos fuera de programa. Perezosamente dejaré que mi mente vaya por su cuenta despejando la niebla de los sueños en la que aún me sentiré inmerso. Poco a poco me situaré en la realidad, cuando amanezca será sábado, pensaré, aunque eso no será lo más importante de la jornada sino que estaremos en Navidad, será veinticuatro de diciembre y por la noche será Nochebuena, esa noche que viene y que va mientras nosotros nos perdemos en el tiempo.

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