Cuento de Navidad 10

Las agencias de viajes que añoraban sus épocas doradas de los años setenta y ochenta, anterior al desarrollo comercial de internet, volverán a resurgir ofreciendo a sus clientes asistir a la reedición reflejada de sucesos históricos, acontecimientos que se editarán en carteles bellísimos. Todos podremos desplazarnos a Berlín a presenciar los reflejos reeditados de la noche del 24 de noviembre de 1989, la caída del muro; a Dallas el mediodía del 23 de abril de 1963; a La Habana el 1 de enero de 1959 o a las costas de Normandía el 21 de junio de 1944. Los historiadores que en la actualidad malviven con una marginal actividad pedagógica serán reclamados por todos, canales de televisión, radios, partidos políticos, gobiernos…; físicos, matemáticos e historiadores, constituirán equipos multidisciplinares para atender la demanda social. Por vez primera licenciados de letras y ciencias se necesitarán mutuamente. En un principio se intensificarán los estudios sobre la historia próxima, la de los siglos XIX y XX. Los canales de TV se disputarán la exclusiva de los lugares donde ocurrieron los acontecimientos más importantes del pasado, para ser los primeros en emitirlos “en re-directo” y en exclusiva.

El entorno de los lagos atraerá la atracción de todos, con reflejos de viejos fuegos artificiales, con los efímeros trazados de embarcaciones de vela o, incluso, del duplicado de las imágenes de piedras que saltan sobre sus superficies. Todos tendremos la sensación de pertenecer a paisajes virtuales, como si las pantallas de los ordenadores ya no tuvieran marco y se extendiesen por la ciudad o como si nos hubiésemos introducido en el interior de uno de ellos. Una mañana veremos pequeños y sutiles puntos de sombra sobre las aceras sin saber su causa, hasta que alguien diga: –Es la sombra de un chaparrón-, la sombra de la lluvia que sólo se percibe cuando el suelo está seco y que ni siquiera sabíamos que existía, especialmente bellos serán sus reflejos sobre los vidrios secos de las ventanas.

La contigüidad entre la ficción y la realidad habrá tomado cuerpo, asistiremos a la superposición de tiempos diferentes que paralelamente discurrirán a velocidades distintas, acercándose y alejándose, entre sí. Sin embargo, nada será contrario a las leyes físicas universales por las que se rige nuestra naturaleza. Ninguna magia, ningún hecho sobrenatural o paranormal será el origen de cambios tan extraordinarios. Viviremos en un medio elástico, la realidad se irá tensando a medida que el tiempo presente se vaya distanciando del tiempo reflejado, del tiempo pasado. Se producirán las superposiciones más radicales, el día con la noche, el viento con la calma, el sol con la sombra, el verano con el invierno… Parecerá que la tierra se ha plegado y ambos hemisferios coinciden en un mismo lugar.

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