Cuento de Navidad 10

Contradictoriamente buscaremos en el futuro nuestro pasado. Cada vez importará menos la causa del fenómeno y se atenderá más a sus extraordinarios efectos. Al superponerse el transcurrir de tiempos diferentes los ritmos cíclicos de cada uno de ellos producirán sincronías diferentes en cada momento. En el reflejo de un escaparate veremos un árbol desnudo mientras la realidad nos mostrará el mismo árbol repleto de hojas, por lo que llegaremos a creer que la imagen reflejada es una radiografía y trataremos de seguir mirando atentamente para ver si el reflejo de nuestro cuerpo nos devuelve nuestro esqueleto. Se producirán encuentros inimaginables, en algún lugar coincidirá la mirada de un anciano con su reflejo cuando apenas era un niño. Un tiempo de hallazgos y sorpresas, los vasos de vidrio serán rechazados para evitar que al beber coincidan nuestros labios con los de un señor con bigote en una especie de beso atemporal. En un bar de Sevilla un grupo de jóvenes se sorprenderá y celebrará encontrar en un frío día de noviembre y sobre un vaso con descafeinado de máquina, los alegres reflejos de los farolillos rojos y blancos de la Feria de abril.

Cada persona, cada día, descubrirá nuevas contigüidades, como si el mundo se estuviera plegando, una y otra vez, sobre sí mismo; y así, el reflejo del Gran Poder en el escaparate de la confitería de La Campana de Sevilla será contiguo a los cánticos de un coro de campanilleros en un soleado sábado de diciembre. El nacimiento y la muerte se nos mostrarán unidos como acontecimientos equivalentes de un presente continuo. Pasado, presente y futuro serán conceptos desdibujados, sin límites precisos. Parecerá que las distancias interestelares se han trasladado a los objetos domésticos, entonces, con el cielo al alcance de la mano, todo nos parecerá posible.

Las contigüidades de los recuerdos en la memoria de cada persona se harán realidad de forma aleatoria, la vida de cada uno se habrá hecho más profunda y atractiva, sumergidos en un nuevo espacio que mezcla tiempos diferentes. Todos estaremos preparados para asistir a sorpresas continuas y en las horas de calma se escucharán gritos de personas asustadas o sobrecogidas por encuentros fortuitos y, sobre todo, inesperados. El mundo se habrá vuelto más atractivo, también más peligroso, los ciudadanos tendrán que aprender a convivir con la nueva realidad. La sociedad habrá cambiado y del comportamiento ensimismado y aislado de los ciudadanos en los primeros años del siglo XXI, provocado por los avances informáticos y por la afición generalizada a los terminales de las pantallas táctiles, a los viejos celulares o móviles de telefonía, pasaremos a atender el espacio público y las actividades colectivas. Los ciudadanos verán en el espacio doméstico un peligro, un atentado a su intimidad, mientras el espacio público aportará continuos espectáculos. Las calles se llenarán de gente dispuesta a unirse en grupos de experimentación, incluso los podríamos llamar grupos de investigación, con personas que ríen abrazados y festejan sus hallazgos.

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