Cuento de Navidad 10

Inmediatamente me levantaré a comprobar si todos los espejos de la casa reflejan las imágenes con retraso. Los de las puertas del viejo ropero de mi cuarto, el pequeño del aseo, el grande que mi hermana usaba en tiempos como probador cuando era modista, el octogonal marroquí del vestíbulo… El desfase no sólo existe en todos ellos sino que es aún mayor que por la mañana, más evidente. Se me ocurrirá llamar al ascensor para comprobar si el fenómeno también ocurre fuera de mi casa y, efectivamente, mi imagen entrará en la cabina unos instantes después que yo, es decir, cuando ya estoy dentro. La noticia ocupará la cabecera de los telediarios de la noche, incluso antes que el resumen del discurso del rey, el fenómeno ya no será sólo una ocurrencia de la reconocida gracia gaditana. El desfase será global, en todas partes del mundo se estará produciendo esa extraña circunstancia. Los programas de contertulios abandonarán los temas políticos y de chismes y se centrarán en debatir sobre las percepciones del hombre, de los conocimientos existentes sobre la transferencia de imágenes. Los viejos tertulianos serán sustituidos por científicos y filósofos, y cuando termine el periodo vacacional los niños volverán del colegio discutiendo sobre estrellas apagadas que aún brillan en nuestros cielos. Para tranquilizar a padres y niños en algunos colegios se recordará la naturalidad con la que aceptamos que los rayos de las tormentas se vean segundos antes de escuchar los truenos a pesar de tratarse de una única descarga eléctrica, resultado lógico de las leyes físicas, efecto similar al desfase especular.

Los comentarios sobre los resultados de las elecciones en Estados Unidos, la victoria de Donald Trump y la muerte de Fidel Castro desaparecerán ocultos bajo el potente foco de los cambios operados en la vida cotidiana, el retraso de las imágenes reflejadas irá en aumento. La televisión, la radio y las páginas web destinarán su información en exclusiva a encontrar las razones del increíble fenómeno. En las librerías se agotarán los libros sobre la teoría de la relatividad. Los espejos de los cuartos de baño comenzarán a ser peligrosos y serán cubiertos por toallas ya que si te despistas podrás ver desnuda a tu abuela, que se ducha por las noches. En cada casa, cada espejo se habrá convertido en una cámara indiscreta. Todos los gobiernos harán declaraciones tranquilizadoras rogando a los ciudadanos que no se preocupen, que se trata de un fenómeno natural que debido a causas que estarán siendo estudiadas existe un insignificante desfase especular, –no obstante y una vez hallada la razón del fenómeno todo volverá a la normalidad-, asegurarán.

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