Cuento de Navidad 10

La sociedad se mostrará  flexible en su adaptación a los cambios, nada más conocerse que la demora de las imágenes obedece a una aceleración fácilmente convertible en fórmula matemática aparecerán en el mercado pequeñas calculadoras que admitirán como variables tiempos y fechas del futuro, dando con precisión el desfase de las imágenes en cada momento, todo el mundo recordará entonces aquellas maquinitas que en el año 2002 convertían euros en pesetas y viceversa. Algunos científicos pronosticarán que si las imágenes reflejadas continúan retrasándose aceleradamente pronto veremos reproducidas escenas del pasado, incluso de un pasado remoto.

Los escaparates de algunas tiendas con sus reflejos transparentes se convertirán en un espectáculo, grupos de personas ocuparán las aceras mirando al interior pero sin entrar en los establecimientos. Algunas al verse pasar, reflejadas en imágenes del día anterior, saltarán de júbilo e intentarán grabarse con sus móviles. Los escaparates concitarán la expectación por el plano reflectante externo de sus vidrios, –ya nadie contempla los productos en exposición– se quejarán los comerciantes. El estado generalizado de curiosidad e interés acerca de las posibilidades del fenómeno irá en aumento, ¿podré ver a mi madre cuando aún vivía? En el interior de las casas los niños pasarán las horas sentados delante de los espejos festejando cada imagen, las salitas de televisión serán abandonadas, algunos crímenes recientes serán descubiertos a través de sus reflejos; incluso, en el ámbito doméstico, muchas personas tendrán que dar explicaciones por sus comportamientos pasados, de manera que al júbilo creado por los cambios se añadirá una cierta inquietud personal, una sensación de culpa que se traducirá en un exquisito comportamiento que todo el mundo observará a partir de entonces, especialmente en lugares donde existan superficies reflectantes. Algunas páginas web ofrecerán la grabación permanente de reflejos en lugares singulares como Piccadilly Circus en Londres o Times Square en Nueva York.

Aunque en los primeros momentos pasaron desapercibidas, las sombras proyectadas sobre las aceras reclamarán su papel en el espectáculo. Aparentemente los peatones dejarán de tener sombras debido al retraso de su reflejo sobre la calzada. Los cuerpos pasearán sin sombras como accidentales Peter Pan’es.  En cambio, un gentío, múltiples sombras sin cuerpos, transitarán apresuradas y ajenas a los recorridos de los peatones reales. Los coches frenarán bruscamente delante de sombras autónomas que atravesarán los pasos de cebras, incluso los actos reflejos condicionados de los conductores provocarán múltiples accidentes. Esperaremos en las esquinas cuando veamos aproximarse una sombra que más tarde pasará delante de nosotros sin cuerpo. Los niños, al salir de los colegios jugarán a perseguir sombras o a adoptar como propias las sombras más disparatadas, algunos niños canijos perseguirán la sombra de una señora gorda o un niño muy pequeño sorprenderá a todos al seleccionar la sombra de un señor altísimo. El centro de cada ciudad se sumergirá en un ambiente festivo, amable y divertido. Algunas personas no podrán evitar un grito al venírsele encima la sombra liberada de un autobús doble de TUSSAM; sin embargo, cuando se dan cuenta de que es una imagen del pasado todos sonreirán junto con el resto de los que fueron testigos de sus gritos.

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