Cuento de Navidad 11

Ángeles sin alas

Mi memoria es escasa, aunque no por las mismas razones que el abuelo Pepe que se queja continuamente de haber olvidado el nombre de ese jugador tan extraordinario del Barcelona, -Papá ¿Mesi?-, le dice el tío Antonio, -ese, ese, Mesi, Mesi, Mesi-, y lo repite una y otra vez para evitar olvidarlo de nuevo. El abuelo ha vivido mucho y sabe muchas cosas, -¡demasiadas!- dice la abuela, tantas que ya no le caben en la cabeza. Mi memoria es escasa porque tengo pocas cosas que recordar, tengo seis años de los que ya casi se me han olvidado los tres primeros salvo instantes concretos que han quedado grabado con la nitidez y brevedad de una imagen fotográfica, como el dedo enorme y áspero de mi padre que agarraba con mi mano, como los pollitos de dulce que me compraban en la confitería de debajo de mi casa, o como los pechos cálidos de mi madre que olían a canela. Los sueños tienen en mí aún más presencia y extensión que los hechos, duermo más que vivo aunque siempre recordaré el día que mi tío me pegó un fuerte cate en el culo por mojar con la manguera del jardín a la abuela. A veces sueño que vuelo entre las fachadas de mi calle, como si nadara, y que me asomo a todas las ventanas de los vecinos, aunque de vez en cuando para descansar me tiendo de espalda y me hago el muerto mientras algunos pájaros se posan en mi barriga. Sueño que caigo del pretil de la azotea y me despierto antes de llegar al suelo y grito y mi madre me abraza. Sueño que del viejo ropero que está al lado de mi cama, por los agujeritos de la madera, salen voces extrañas de los espíritus que viven en él, mi madre dice que esos agujeros los han hecho las termitas y yo, a veces, me asomo por ellos para ver los espíritus pero son tan pequeños, los agujeros no los espíritus que por no tener no tienen ni tamaño ni forma, tan pequeños que no logro ver nada por mucho que me acerco. Creo que esos agujeros son las ventanas de los espíritus de los muertos que se refugian en los armarios porque no quieren abandonar la casa donde vivieron. De esto último no estoy seguro, no sé si lo he soñado o es verdad, aunque tampoco sé que es la verdad ya que mis sueños no son mentira, juro que los he vivido. Mentira es cuando meto un dedo en el bote de la leche condensada y luego niego haberlo hecho. Hay veces que pienso que sueño pero estoy despierto, mi madre dice que eso es bueno, que es la imaginación. ¡Ah!, mi nombre es Ángel.

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