Cuento de Navidad 11

Una especie de “horror vacui” nos lleva a reconocer la existencia de estas figuras-intervalo para re-llenar todos los vacíos, una integral entre cero e infinito de personajes posibles. Figuras arcaicas indispensables para enlazar filosofía y poesía, ciencia y creación, pensamiento y sentimiento.

La inestabilidad y ambigüedad del ángel constituyen su sustancia íntima, materia fronteriza extraída de la mezcla espumosa y degradada que encontramos en la orilla del conocimiento. El ángel es la intersección entre esto y aquello, una figura situada en el margen, nunca marginal, que ocupa los bordes de los cuadros de la pintura clásica, cuadros de dioses antiguos cobijados bajo una bóveda de ángeles. Cuando la Lonja de Mercaderes de Sevilla se convirtió en corral, en casa de vecinos, cuando cada habitación era una casa o un taller, o ambas cosas, cuando Bartolomé Esteban Murillo tenía allí su estudio y trataba de representar los personajes reales o ficticios más característicos de la portuaria sociedad sevillana de entonces: pordioseros, niños, niños pordioseros, jóvenes fisgando desde una ventana, vendedores callejeros, vírgenes, pícaros, niños Jesús, retratos de caballeros, papas, crucificados, sagradas familias…, cuando su notoriedad lo convirtió en presidente de la Academia de Dibujo de Sevilla, cuando su estudio era estudio y academia, Bartolomé Esteban Murillo proyectaba sus inmaculadas orladas por imágenes de ángeles, que constituían una aureola entorno a los mantos del azul del cielo. Los jóvenes aprendices de pintor copiaban ángeles de estampas, ángeles que el maestro Murillo enternecía y elevaba a los cielos con unas pocas pinceladas. Grandes cuadros de inmaculadas con paspartús angelicales, querubines celestes aprisionados durante siglos entre la esencia religiosa del cuadro y un marco dorado con paneles de oro, de nuevo el ángel tensionado en la frontera entre el poder y la gloria.

El valor tensional del ángel ha sido reconocido por todos los intelectuales de la vanguardia del siglo pasado, intelectuales como Rilke, Benjamin, Klee, Cacciari, Hejduk, Zambrano…, se han sentido atraídos por esta eterna anagogía.

La imagen del Ángel se ha concentrado y absolutizado en esta obra del límite. Nosotros estamos aquí para decir –pero para decir de esta forma, medida sobre la terrible distancia del Ángel, para un decir que sea Erinnerung. Casa y puente, Puerta y Ventana, Columna y Torre, Fuente y Árbol, todos nuestros artificios.” Cacciari, M.: El Ángel necesario.

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