Cuento de Navidad 12

UN CUENTO CHINO

Cada mañana, al salir del hotel, nos sorprendía el calor húmedo de Pekín, ciudad que en verano se convierte en una inmensa sauna de vapor con capacidad para veinte millones de personas.

Tras haber decidido que el punto de destino de aquellas vacaciones sería China traté de saber algo de ese lejano país a través de su literatura, actividad que suelo emprender antes de visitar un nuevo país y que, en este caso, tenía mucho más sentido ya que mis conocimientos iniciales de China se limitaban al “flan chino El Mandarín”, unos polvos que vienen en un sobre rojo, y a la “tinta china”, con la que conseguí aprobar la asignatura de Dibujo Técnico en el curso inicial de arquitectura y manchar varias camisas. Descubrí una literatura narrativa y reivindicativa, nada que ver con mis ensueños sobre magos, malabaristas y prestidigitadores, ni con las historias orientales de ancianos hacedores de prodigios. Una literatura de un aceptable nivel que se desenvuelve en la crítica a la situación política de China, contra el periodo de la Revolución Cultural y la Guardia Roja de Mao. La represión ideológica del Estado queda reflejada en el hecho de que los escritores más notables se encuentren exiliados en Europa o Estados Unidos. También descubrí que en nuestro país existe un cierto boom de la novela china que cuenta con dos recientes premios nobeles: Gao Xinjian (2000), autor de El libro de un hombre solo, y Mo Yan (2012), que significa “no hables” y es el seudónimo de Guan Moye, autor de una deliciosa autobiografía de su infancia, Cambios. Por supuesto, todos estos libros están traducidos al español, de otra forma no habría podido leerlos. Encontré un número considerable de libros chinos traducidos de los que elegí, sin saber muy bien por qué, catorce, para leer antes, durante y después del viaje. Los dos que me llevé a China tuve la precaución de forrarlos, lo que constaté como una buena idea en cuanto llegué allí, una vez conocida y vivida la actual situación política del país.

Me interesaron especialmente, además de los ya nombrados, Balzac y la joven costurera, de Dai Sijie. Despojos de guerra de Ha Jin. La vida y la muerte me están gastando de Mo Yan, una delirante historia de reencarnaciones permanentes de un mismo ser y El abanico de seda de Lisa See. Aunque diversos en calidad literaria habría que citar también, como novelas policiacas, las investigaciones del inspector Chen, personaje creado por Qiu Xialong y que sorprendentemente podrían compararse a las novelas suecas del mismo género, un ejemplo más de pliegue geográfico, porque el mundo es un pañuelo (usado).

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