El fogonazo verde

No sé por dónde empezar, siento que tengo que contar una experiencia física que he vivido en la playa la tarde del miércoles veintiocho de diciembre de 2011, día de los Santos Inocentes, aunque esta circunstancia creo que no añade nada a nuestra historia. Comenzaré por narrar los hechos tratando de describir con exactitud lo acontecido, como diría el maestro Fernández Alba. Como dicen en los juramentos de las películas americanas, trataré de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Lo prometo.

Cuando el tiempo se deposita sobre nuestros recuerdos, hasta sobre los más recientes, nuestra memoria los vela con veladuras de carácter teosófico que nos obligan a dudar de la realidad de los mismos. En invierno la playa tiene para mí muchos atractivos, la lectura serena y sin límite en un pequeño jardín soleado observado por un limonero ya adulto y un pino joven de gran altura, las largas y apacibles caminatas sobre el “paseo marítimo”, la chimenea que en las primeras horas de la noche sustituye al televisor como objeto de todas nuestras miradas, el pan calentado en las cenizas del hogar, los desayunos al sol tibio de la mañana, las comidas en el restaurante “Rompeolas”, el comportamiento social de las gaviotas sabedoras de su protagonismo, casi exclusivo durante esos días, sobre la playa y, sobre todo, el olor a leña quemada que flota y se extiende sobre los tejados de tejas. Es un placer que se disfruta más en tanto no lo frecuentes o no lo conviertas en una nueva rutina, razón que me lleva a ir a la playa sólo tres o cuatro veces en el largo intermedio invernal, aunque cada vez que voy siento lo absurdo que es no ir más veces. Los días no festivos que nos ofrecen las vacaciones de Navidad se han convertido desde hace años en periodo propicio para visitar las playas de Huelva y eso es lo que me llevó allí este invierno, en los días que van de Nochebuena a Fin de Año. Bueno, eso y mis deseos de disfrutar de nuevo de la chimenea que he tenido olvidada durante los últimos inviernos por causas diversas y que habíamos limpiado, reparado y cargado de leña, al principio del otoño.

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