Escolio del texto “La palabra y el dibujo”

Espero que este sea el texto al que aludía Juan, ya que existe otro sobre Siza que hicimos entre los dos, una especie de entrevista que Juan controla mejor que yo, también espero que su lectura cubra las expectativas creadas.

No tienes nada que agradecerme porque me ha alegrado recuperarlo y he guardado una copia del mismo entre mis pertenencias.

Saludos

Juan Luis Trillo

 

***

 

Aquí terminan los hechos, como diría un periodista informado. El resto es una primavera esquiva que no acaba de instalarse ni fuera ni dentro. El motivo de trasladar, también podría decir elevar; un acto cotidiano al Gabinete Literario, es el compartir mi interés por este escrito que ha ido creciendo a medida  que he ido rehaciéndolo, tanto que dudo que sea capaz de escribir otra vez algo así.  Un texto que extraño, yo a él y él a mí, pero que compendia gran parte de todo lo que he hecho y pensado desde entonces, desde el viaje a la India hasta el reciente De memoria, un amplio periodo de tiempo que me ha conducido desde la madurez hasta la tercera edad, eso es al menos lo que pone, en rojo, en los vales que entrego para acceder a la piscina municipal, no preocuparos que pienso llegar a la cuarta. Ya sabéis que mi intento por estar físicamente bien tiene estas contrapartidas, oleadas de conciencia que me vienen desde el futuro, casi nunca de lo vivido o pasado que se limita a acumularse en mi escasa memoria. Próximo ya a la Over quota que algún día me será diagnosticada por algún médico inexperto.

Nuestros estados de ánimo se deben siempre a acontecimientos marginales que se acumulan como si estuvieran proyectados por un desalmado. Me encuentro desazonado, desabrido, pero (es posible que sea mejor poner aquí aunque) no mal. Los acontecimientos que han contribuido a este estado fueron dos llamadas que hice ayer a dos de mis mayores que me sirven de referencia: a José María Buendía y a Antonio Fernández Alba, una llamada a México y otra a Madrid.

La historia de José María tiene argumento, no así la de Antonio. José María Buendía es una persona entrañable, capaz de lo mejor y de lo menos bueno, un loco al que conozco, quiero y admiro desde hace mucho tiempo y del que varias veces he escrito cosas. JMB programó sin anunciármelo un viaje con gran parte de su familia (Conchita, hijos y nietos) a Andalucía, su Andalucía agigantada por la distancia y los sentimientos. Todo esto me lo contó atropelladamente MRG con el que comparto su amistad, al tiempo que me informaba sobre el infortunado viaje que tuvo lugar durante la Semana Santa. El grupo expedicionario llegó a Sevilla el viernes de dolores (no sé si esto debo de escribirlo con mayúsculas, no me gustaría ser irrespetuoso), MRG los alojó en su casa. El lunes, en un programa turístico urdido por la mente alocada de José María, se trasladaron a ver la Semana Santa de Córdoba, el martes la de Granada… Fue ese día el que Buendía, que tiene 78 años, sufrió un ataque cardiaco que requirió de una intervención inmediata en el hospital de Granada. Pasados unos días y tras comprobar el buen comportamiento del enfermo, el cirujano que le intervino le dio permiso para que regresara a México. De todo esto me enteré antes-de-ayer, esperé un día para asimilar lo ocurrido y ayer lo llamé a su casa de Coyoacán (México D.F.) Fueron 15 minutos y 10 segundos de una conversación intensa y sin cortesía alguna, José María se encuentra bien, recuperándose de un viaje espantoso pero con su genio tan vivo como en nuestro primer encuentro. No debo ni quiero transcribir nada de ese cuarto de hora, que bastaría por sí solo para justificar el invento de Graham Bell, fuertemente impresionado me despedí pidiéndole que en cuanto se encontrara mejor abandonara a Dios (José María  es muy religiosos) y a las pastillas, para sentir la inquietud y el riesgo de la normalidad, de vivir de nuevo sin redes, ¡el tiempo qué más da!, sólo las condiciones importan.

Pages: 1 2 3

Login

Contraseña perdida?