Escolio del texto “La palabra y el dibujo”

(Mientras escribo Radio Nacional Clásica emite el Bolero de Ravel, no creo que pueda resistirlo hasta el final)

Con Antonio hablo más a menudo, le preocupa su salud, yo creo que en demasía. Antonio Fernández Alba está magnífico para sus más de ochenta años. Como él dice: compartimos soledades. Un involuntario temblor de manos le tiene ocupado con análisis y especialistas. Ha sido una conversación corta. Cuando le he llamado estaba preparándose para ir a la inauguración de la exposición sobre Bruno Taut que tiene lugar en el Casino de Bellas Artes de Madrid, quedamos en posponer nuestra conversación para otro día.

Necesité cinco minutos de reposo y un café descafeinado con Antonio en el Rinconcillo, donde por cierto tuve mi última comida con José María, para auto encargarme la rehabilitación de La palabra y el dibujo. Me gustó leerla de corrido una vez limpiadas las capas de mugre, las veladuras de los malos conservadores y trasladarla  a un nuevo bastidor. Al leer ese viejo escrito me vino a la mente la anécdota que se cuenta de Juan Belmonte, el Pasmo de Triana, que preguntado por un admirador –Maestro, cómo se alcanza ese nivel de excelencia-, contestó: -Ya ve usted, degenerando.

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