Hojarasca doméstica imaginaria.

Uno estaría tentado de  creer que esta estructura tuvo alguna vez una forma adecuada a una función, y que ahora está rota.” Termina aclarando Franz Kafka.

Se describe un objeto-animal doméstico, no domesticado, un ser que una vez descrito y nombrado nos hace sospechar de la posible vida secreta de todos los residuos domésticos, de los trozos de juguetes, de partes de cosas que almacenamos en los cajones porque no nos atrevemos a tirarlas, posiblemente porque inconscientemente admitimos su infravida. Así llegamos incluso a sospechar de los fragmentos polvorientos que fruto de la indolencia y el desaseo campan por el interior de todas las casas. El cuento nos convierte en niños temerosos, un caso más de la contigüidad universal de los seres y las cosas en la que creen los escritores.

Intrigado por esta criatura imaginada por Kafka y corroborada por Borges, pensé en las que yo conocía y que no habían sido citadas en El libro de los seres imaginarios. Aún era posible investigar y ampliar el catálogo de los seres literarios con una especie doméstica, la de aquellos seres que se encierran en las alcobas más recónditas de castillos, casas y palacios, seres que nos acompañaron durante nuestra infancia y que esperan seguir acompañándonos en nuestra vejez. El empeño no es fácil, una vez descritos por Borges los más populares y citados. Los “raros” se esconden en textos muy dispersos que tanto pertenecen a la literatura narrativa como a los escritos proféticos y sapienciales de las distintas religiones, incluso a los códices de las ciencias ocultas. Algunos se descubren por casualidad en la bibliografía citada, en cambio otros, se intuyen primero y luego se documentan. Hay que dejarse llevar por la intuición y hacer memoria de nuestras experiencias más infantiles para cazarlos y garantizar posteriormente su existencia. La investigación está abierta y va para largo, aunque mis primeros descubrimientos son muy ilusionantes, es por eso que oso, a modo de ejemplo, avanzar noticias sobre algunos de ellos.

Está el“espetrón”, un ser doméstico imaginario bidimensional que habita en la esquina de los espejos y se alimenta de reflejos. Una criatura sin volumen, extracorpórea, que adquiere su entidad al copiar imágenes originales. Debe su extraño nombre, “espetrón”, a haber sido descubierto por un físico nuclear eslavo. Fue descrito por primera vez en la revista científica “Avant Gard” en 1935, en un artículo titulado “Curiosidades científicas”. El “espetrón” cuando alguien se aproxima al espejo, sobre todo en esos grandes espejos de armarios que es donde más les gusta vivir, sale de los límites y altera las imágenes reflejadas. Con los niños suele asustarlos deteniendo el movimiento de sus cuerpos en el espejo, es esa la razón por la que los más pequeños pasan corriendo delante de los mismos. Es aún más cruel con los adultos, a los que suele dibujar arrugas inexistentes.

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