Hojarasca doméstica imaginaria.

Más antiguo en la imaginación literaria es el “unterbett”, de origen germánico, descrito inicialmente en un códice medieval titulado Zoología de los animales primarios, conservado en el monasterio alemán de Cottbus, firmado por el monje R. Fein en el siglo XIII. Como su propio nombre indica es un ser que habita debajo de las camas. Es una rama de seres domésticos imaginarios emparentada directamente con la especie de los “Odradek”  descritos por Kafka, son inofensivos y ligeros, tienen color gris y no conservan una entidad permanente, con extremada facilidad unen sus cuerpos volátiles en seres de mayor tamaño o se desagrupan en decenas de “unterbett” insignificantes, como si obedecieran las órdenes de un programa informático su entidad es inestable, así su población es variable y pueden pasar de cien individuos a mil en un instante. Odian ser observados y cuando algunas personas, llevadas por la manía de la limpieza, los buscan bajo las camas para aniquilarlos, se defienden provocando estornudos y fuertes dolores de espalda.

No obstante, el ser imaginario doméstico más asombroso que podemos encontrar en esta zoología fantástica es el “libro”, seres sociales que suelen vivir agrupados en comunidades ordenadas alfabéticamente en bibliotecas y librerías.  Ya en tiempos inmemoriales se conocía una concentración fabulosa de estas criaturas en la ciudad de Alejandría, se dice que eran más de cien mil. Se alimentan de palabras y puntuaciones, no se comen a los leñadores, de su larga etapa medieval en los monasterios han conservado el voto de silencio. Cuando habitan los espacios domésticos construyen sus propias arquitecturas, edificios modernos de pisos y numerosos niveles, arquitectura dentro de arquitectura. Son infieles por naturaleza y se van con la primera persona que los pide prestados para ya no volver nunca jamás. Su condición más destacada y extendida es la de ser coleccionistas nostálgicos, entre sus páginas se hallan flores, fotografías, cartas, recibos, entradas, fechas, e incluso billetes. Nuestras universidades suelen estar infectadas por ellos aunque afortunadamente el gobierno actual hace todo lo posible por exterminarlos. Seres aún mismo tiempo imaginarios e imaginativos que una vez conocidos nunca abandonamos.

La más peculiar y divertida criatura perteneciente a la hojarasca doméstica imaginaria es el “tiravasos”, que suele habitar en casas con muchos niños. Tiene su origen en África aunque por algún desconocido evento literario se aclimató a nuestra región durante el siglo XIX. Es muy reciente su descubrimiento científico, no así los efectos de su presencia en las casas, fue citado por primera vez en la extraordinaria obra de Levy Aba  “Sociedades secretas”, publicada en 1988. En este libro se habla de una criatura insignificante, similar a un insecto, que actúa a mediodía y en grupos, aguarda al comienzo de las comidas para atacar a los niños bajo las rodillas y provocar que con sus movimientos incontrolados derramen los vasos y arruinen las comidas.

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