La percepción del tiempo

La fuerza de la levedad temporal afecta también a los días de la semana, sé que eso sí es pura convención y poco tiene que ver con ninguna sustancia específica del universo, está más relacionado con la abstracción matemática que con la materia física. No obstante, los lunes son más lentos que los martes y estos más que los miércoles, y así sucesivamente, cumpliéndose en esta sucesión la cursi expresión: “más que ayer pero menos que mañana”, referida en este caso a la percepción del tiempo semanal. Las primeras horas de los lunes nos sorprenden por su fluir pausado, lento y aprovechado, en relación con el nervioso, rápido e infructuoso discurrir de viernes y sábados. Los domingos por la tarde todo se remansa y deposita, tiempo para la melancolía y el recuento, horas que parecen extrusionadas, moldeadas también, por la fuerza de la levedad.

Si nos alejamos algo más de estos conceptos, como si aplicáramos la escala del espacio al tiempo, percibiremos la diferencia entre el tiempo histórico, repetitivo, intrascendente, impersonal y colectivo, y el tiempo biográfico, singular, trascendente y personal. Mientras el tiempo histórico nos sumerge en los ciclos inacabables y reiterativos de la humanidad, el tiempo biográfico nos quita la vida, poco a poco nos sustrae la fuerza. Historia frente a biografía. Como alguien escribió en la esfera de un reloj: “Vulnerant omnes, ultima necat” (“Todas te hieren, la última te mata”), frase agraciada de origen desconocido que cada uno ha ido aplicando a diferentes personajes, épocas y relojes, según su conveniencia.

Creo que el concepto del tiempo es el más evasivo e irracional de cuantos existen. Para mí el tiempo se ha convertido en prueba de existencia de la evanescencia, de lo coyuntural de nuestras vidas, prueba de la inconsistencia de la eternidad. He llegado a pensar que el tiempo se pliega como una cuartilla haciendo coincidir en el mismo punto lugares distantes, ello justificaría los “déjà vu” que todos hemos sentido. Es posible que esa capacidad de plegado del tiempo histórico y biográfico justifique la noción de eternidad, el plegado infinito. Ningún otro concepto nos provoca mejor la sensación de estar manipulados, de depender de la voluntad de terceros, de estar en las manos de un loco aburrido entretenido en alterar nuestras vidas. Recuerdo cuando siendo un niño hacía prometer a los mayores que cuando saliéramos del cine aún sería de día, en caso contrario me negaba a entrar en la oscuridad continua de la sala, pusieran la película que pusieran. No podía resistir, a la salida, la pérdida repentina del sol y la tarde del domingo, cambiadas por la calderilla de la noche, por el amargor de unos deberes escolares sin hacer, por tomar una sopa de sobre y un trozo de tortilla de patatas que me desembarcarían directamente, tras la inconsciencia del sueño, en el lunes. Ninguna película de “el gordo y el flaco” –Stan Laurel y Oliver Hardy- valía la transubstanciación en noche de la tarde del domingo. La sala oscura, las pipas y las películas, eran catalizadores que aceleraban la reacción del tiempo del fin de semana, me enorgullece ahora pensar que un niño de siete años no se dejaba embaucar por la fuerza de la levedad, que apenas intuía.

Pages: 1 2 3 4 5 6

Login

Contraseña perdida?