La percepción del tiempo

Mi absurda vida cotidiana estaba fracturada por secuencias breves, alternativas continuas y pautadas entre el espacio doméstico y el espacio público. Creo que nunca tuve la oportunidad de estar tanto tiempo retirado, me vienen a la memoria los retiros de los opusdeistas. Ocurre que el tiempo mientras estas encerrado se detiene, aunque se acumule al otro lado de la puerta, cuando sales se te devuelve todo el tiempo transcurrido. Te sorprende tanto la violencia con la que esta devolución se produce, como los cambios que se te vienen encima igual que se desmorona al abrirlo un trastero lleno y desordenado. Son los intereses o las plusvalías del tiempo, que aguardan detrás de tu puerta.

El teléfono, ese aparatillo negro y repelente, ha sido el único que se ha atrevido a alterar la quietud temporal de la casa, el único que ha trasladado la leve preocupación de los familiares que agotan sus estancias en la playa, la voz de una señora latinoamericana que trata de cambiarme de compañía sin importarle la hora del día ni las circunstancias. La enfermera que comprueba la dirección. El banco de Santander que ofrece ganancias insospechadas… Comunicación sin contenido, el espíritu de los tiempos de este comienzo del siglo XXI. Pienso, aterrado, ahora, tras esta experiencia, en la cantidad de personas mayores (un nuevo eufemismo) que aguardan solos  en su casa alguna interrupción de su tiempo doméstico, sin fluencia, la interrupción definitiva será la muerte. Pienso en el pulsador que pagan de su exigua pensión, con el único fin de poder romper la detención del tiempo, con la esperanza de volver a sentir  la fugacidad de las horas.

Al final todo quedará ajustado, los intereses y las plusvalías se anularán entre sí y el tiempo será preciso, científicamente preciso. Todas las ruedas dentadas acabarán coincidiendo en un mismo instante. Mientras esto ocurra el tiempo será irregular, ahora gobernado por ruedas gigantes que apenas muestran sus lentos giros, como la maquinaria del despertador de la mesilla de noche de mis padres, aquel que se caía al suelo, y no era para menos, todos los días, cuando advertía de la llegada de las cinco de la mañana, cuando liberaba el pulsador de la campana de la alarma, por momentos frenético en el movimiento centrípeto de ruedas pequeñas que ajustan sus dientes a velocidades casi invisibles.

Pages: 1 2 3 4 5 6

Login

Contraseña perdida?