Mensaje sin asunto para una intelectual nonata

Grandes corceles blancos enjaezados con cintas de oro cruzan los cielos como preparación de tan fasto acontecimiento. Las brujas malas preparan hechizos a plazo fijo, para dentro de dieciocho años, para el 2028. Las brujas buenas, las menos malas, no hay brujas buenas, aguardan inquietas investigando en sus pestilentes laboratorios orgánicos nuevas fórmulas para contrarrestar los efectos primarios de los hechizos malignos, los buenos, los menos malos, siempre van por detrás de los malos, los menos buenos. No es éste tiempo para ir al campo, las criaturitas son engañadas cuando su presidente las abandona y los ingredientes de los hechizos huyen despavoridos para encontrar refugio en el terreno, en la matriz húmeda del seno que hoyan las piedras. Huyen pequeñas culebras rojas simétricas, con dos cabezas o dos colas. Lagartijas sin rabo hastiadas de estar guardadas en una lata mohosa, junto a un viejo trompo, Lagartos adultos despellejados que muestran sin pudor sus grandes llagas rosáceas. Trozos de espejos rotos con el azogue rayado. Reflejos de luna nueva que colaboraron a espesar la oscuridad de la noche pasada. Cochinillas redondas de azabache y cuerpo de ciempiés, que saben hacerse esféricas. Trozos de velas rojas y negras, velas de cuaresma que han acompañado a crucificados barrocos. Cordones umbilicales abandonados por un hospital próximo. Vómitos de inocentes ratas envenenadas. Bolas blancas de alcanfor que ya no huelen. Raíces de mandrágoras asiáticas compradas en un mercado persa. Comino del borde del camino. Dientes de leche de niños muertos en primavera y que nunca fueron recogidos por el ratón Pérez. El dulce olor de la flor amarilla del gordolobo. Cuernos astillados de cabras locas. Cortezas de ciruelo verde. Hojas de salvia. Dientes de ajo. Pétalos de rosas rojas. Picos de cuervos del Rynek de Cracovia. Nubes de sahumerios que flotan sobre las ciudades de Europa. Alfileres de vudú. Corimbos terminales de la ruda. Esencias de jazmín. Harina de mandioca. Hojas felpudas de ajenjo. Cucharas de madera… Todos, todos, y he dicho dos veces todos, permanecen estremecidos mientras las gasas negras de las túnicas de las hechiceras los sobrevuelan, una y otra vez, como aviones fumigadores. El campo es el gran mercado de la hechicería, expositores que necesitan del conocimiento atávico del ocultismo para poder ser útiles.

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