Puerta

Los sevillanos, los buenos sevillanos, tienen dos cualidades en grado superlativo: la coreografía de masas y la afectividad. Desde muy niños son sometidos a agotadores y cíclicos entrenamientos consistentes en escenografías de masas, manifestaciones públicas que te capacitan, como individuo diluido en una masa enfervorizada, tanto para el fascismo como para las revoluciones contra el orden establecido, en general para cualquier desmesura fanática. Cuando los sevillanos se hacen adultos, hablo siempre de los buenos sevillanos, cada dos o tres meses asisten apasionados a cursos diversos de perfeccionamiento que la ciudad oferta gratuitamente, como la procesión de la Virgen de los Reyes, la vigilia de la Inmaculada en el centro de la ciudad mariana, la cabalgata de los Reyes Magos, la procesión del Corpus, la romería del Rocío, la Feria y la Semana Santa, por referirnos sólo a los Master más generales; pero también existen cursos de menos créditos o más especializados, como la velá de Triana, los abonos a los conciertos de la ROSS, el pregón de la Semana Santa…, y eventos familiares, como bodas, bautizos, comuniones y funerales que ponen de manifiesto la capacidad del sevillano para desenvolverse con soltura e improvisación  en todo tipo de representaciones teatrales urbanas.

 

Declaro que mi condición de sevillista es irrevocable, casi tanto como mi condición natural de sevillano. Cuando alguien de otra provincia andaluza se confiesa madridista o barcelonista siento pena. En Sevilla eso no es necesario, para los sevillanos Sevilla es su nación y no quiero que en esto se advierta ningún matiz de prepotencia o menoscabo, Sevilla es una ciudad solidaria, lo único que requerimos es que nos dejen ser los más solidarios, ya que nunca nos gustaron las medias tintas.

 

Eran las cuatro de la tarde, las cuatro casi en punto de la tarde, cuando la SER confirmó la muerte del futbolista Antonio Puerta. La noticia me fue adelantada oficiosamente en las oficinas de Lipasam a las once de la mañana: -creo que el chaval ya ha muerto. Conociendo a los sevillanos, a los sevillistas (una mitad de los anteriores) y a del Nido, temí lo que pudiera pasar después. Del Nido podría recordar y poner en práctica su condición de magnífico coreógrafo sevillano para sumergirnos a todos en una tristeza alegre, compartida y espectacular, seguro que aprovecharía la leve depresión que acompaña a los últimos días de agosto, diez años después Lady Di de nuevo, y hacernos sobreactuar en una tragicomedia con miles y miles de actores principales, dos madrugadas de Viernes Santo en un mismo año. También pensé que el Sevilla había encontrado un impresionante punto y final para una etapa gloriosa, etapa en la que los sevillistas nos hemos hartado de celebrar triunfos, tantos que a algunos nos comenzaron a dar vergüenza, a parecer ridículo. Todo comenzó un jueves de feria de hace dos años, cuando un potente equipo alemán nos tenía “sobre las cuerdas”, sobre las cuerdas pintadas de las líneas de banda del Sánchez Pizjuan. En los últimos minutos de la prórroga, un canterano que apenas cumplía con su misión de contener la banda izquierda del ataque alemán, avanzó indeciso sobre la línea (que ya no será de cal, creo yo) hacia el campo adversario. Este movimiento incierto pasó inadvertido para todos excepto para su amigo Navas que jugaba por la banda derecha arriesgando al todo o nada de los últimos minutos de un partido desigual y épico. Navas, desde la banda derecha, desplazó el balón más de cuarenta metros, pasando por encima de todos los defensores y atacantes que seguían con la cabeza levantada el vuelo del balón de reglamento, el joven Puerta se animó ante esta invitación de su amigo y aceleró su carrera para coincidir en el mismo punto en el que el balón descendería al campo. El trayecto del vuelo nos pareció a los espectadores, fue el único partido al que he asistido en los últimos veinticinco años, el dibujo de una línea curva que atravesó a cámara lenta y en diagonal la mitad del campo de los alemanes. Sin que la pelota tocara el terreno Puerta la voleó con su pierna izquierda, también a cámara lenta. En el instante en el que la pierna golpeó se acabó la cámara lenta y con dificultad pudimos observar cómo el balón impactaba sobre el lateral interior derecha de la portería alemana. La feria, la manzanilla, la noche, la portada, los farolillos, las sevillanas…, hasta la primavera de ese año fueron sevillistas. Una revolución de banderas carmesíes se puso en marcha para ganar todo lo que se jugara, una revolución impulsada por la energía de aquella patada tantas veces ensayada y nunca conseguida antes. Creo que la muerte del autor de ese gol que cambió el rumbo de un equipo centenario y mediocre como ninguno, cierra el ciclo. Hemos perdido a Puerta, a Alves, el entrenador duda si entrenar en Londres sin saber ni papa de inglés y a del Nido ya no le queda fuerzas para fanfarronear del mejor equipo del mundo. Volveremos a donde estábamos, descansaremos y limpiaremos nuestras copas para que no se oxiden. Me afecta la muerte de Puerta pero no estoy triste por el destino de mi equipo, de la vida lo que más me atrae son los cambios que me permiten medir el tiempo.

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