Stella Maris

Nota personal:

La acción transcurre en el año 1451 cuando el padre Bernardo, monje cisterciense del monasterio de Leyre, Navarra, cometió un error en la transcripción de una palabra mientras copiaba un texto de San Jerónimo, error que cambió la liturgia católica apostólica romana. La Estrella del Mar encontró pronto identidad material en la Virgen del Carmen, que toma su nombre del Monte Carmelo y de la nube que se describe en la Biblia (Elías 1 Reyes 18, 44), también en la Estrella de la Mañana, y así, como Estrella de la Mañana, formó parte de las letanías de la Virgen, junto a otros epítetos tan bellos e irracionales como Vaso espiritual, Rosa mística, Torre de marfil, Casa de oro, Puerta del cielo… Rosarios obligados de mi infancia, bellísimas imágenes que se completaban con un cantarín Ora Pro Nobis. Confieso que dos veces en semana soportaba los reiterados rezos de los diez avemarías de cada misterio (gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, según los días de la semana) para al final dejarme impregnar por aquellas imágenes literarias que encerraban tanta belleza arreligiosa, que me transportaban a lugares soñados y lejanísimos a la edad de diez u once años. Siempre he sentido una fuerte energía erótica en la advocación mariana de la Iglesia Católica. La sensibilidad racional del renacimiento se enfrentó pronto a la religiosidad intuitiva, más estética que ética, que proponía figuras de intersección como la de la Virgen María. En muy poco tiempo Erasmus, Lutero y Calvino trataron de eliminar la palabra poética del espíritu religioso, ¿religión sin poesía?, provocando como reacción la Contrarreforma que, lejos de recuperar la hermenéutica subjetiva de la religión pre inquisitorial, se contaminó de la lógica racionalista protestante y luchó con censuras e imposiciones, como aquella que obligaba a volver a las advocaciones de la Virgen María. Agua (stilla maris) derramada imposible de recoger. Poca idea tengo de estos pormenores, aunque presiento que el error, la falsificación y la creatividad de un oscuro monje incrementaron la belleza de la religión, única posibilidad racional para su supervivencia. Todo esto hace compatible que me separe de las enseñanzas religiosas de mi infancia al mismo tiempo que conservo en mi cartera una estampa que me dio mi prima Encarna de la Virgen de la Alegría, la Virgen de mi barrio.


[i] El término parodia tiene un origen musical, hasta la revolución impuesta por Johann Sebastian Bach en el siglo XVII, gran parte de las evoluciones creativas y de las nuevas aportaciones musicales se producían mediante un mecanismo de desplazamiento, traslado, réplica o transposición de temas o neumas, entre piezas diferentes. Así, una tonada apenas esbozada en una canción pastoril, tomaba cuerpo cultural al ser parodiada en el introito de una misa, o en un madrigal. En la actualidad el término ha perdido gran parte de su creatividad inicial y es utilizado como “imitación burlesca”, según el DRAE. Es con su sentido original como se quiere usar en el subtítulo de este cuento, que toma verosimilitud en los datos aportados por Eugenio Trías en su ensayo La imaginación sonora, p. 80. Círculo de Lectores, Barcelona, 2010.

 

[ii] La traducción al latín de la Biblia hecha por San Jerónimo, llamada la Vulgata (de vulgata editio, ‘edición para el pueblo’), ha sido hasta la promulgación de la Neovulgata en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.

 

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