Stella Maris

Parodia de una historia mariana[i] Bernardo cuidaba los sabañones de sus manos con aceite de cocina. Cuando sangraban los envolvía en tiras de viejas togas, afinadas por innumerables lavados. El frío, en aquella época del año, cuando aún la primavera era sólo una esperanza, impregnaba la sombría biblioteca, la inercia térmica de sus gruesos muros de piedra y un largo …

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