Últimas fronteras

En El silencio de las sirenas Franz Kafka se cuestionaba si estas en realidad callaron y Ulises sólo imaginó haberlas oído mientras fingían que cantaban. Revisados los estrictos hechos de la narración homérica poco importa si cantaron o callaron, el efecto fue en realidad el mismo. En la ambigüedad de este relato kafkiano reside su fuerza –la del embrujo de la melodía o del mutismo de las sirenas, la de la inteligencia de Ulises– y una honda reflexión sobre la esencial invisibilidad de toda verdadera eficacia –cimentada sobre la sugestión del destinatario– y también acerca de la vanidad o de la falsedad de cualquier convicción de sentirse a salvo. Al otro lado de las cuchillas de nuestra doble valla tal vez no haya ya la humilde posibilidad de redención, tan solo el silencio de una Europa que pareciera haber perdido la belleza estética de su canto y callara mientras también se desangra.

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